A
comienzos del siglo XIX, los diagnósticos médicos se basaban en la exposición
verbal del propio paciente acerca de su enfermedad y en las observaciones que
hacia el propio médico con la ayuda de sus propios sentidos como la inspección
del color de la piel, el estado de la lengua, la respiración, el aspecto de los
orines, etc… No obstante, en el siglo XVIII, se introdujo una nueva técnica de
exploración manual, la percusión. Ésta fue ideada por el médico vienés Leopold
Avenbrugger (1722-1809) y descrita en el pequeño libro Inventum novum (1761). El testimonio de los pacientes, que Avenbrugger consideraba variable e inseguro, fue sustituido por lo que el médico vienés designó como“el testimonio de mis sentidos”. El siguiente paso en la creación de una técnica exploratoria más fidedigna fue dado, más de 50 años después por parte del médico francés René Théophile Hyacinthe Laënnec. Éste, había aprendido de sus maestros como Jean Corvisart (1755-1821) la auscultación directa del corazón aplicando el oído directamente en el tórax del paciente para intentar escuchar los sonidos provenientes de ese órgano (figura 1).
Figura 1. Théobold Chartran (1849-1907). Laënnec realizando una auscultación inmediata a un paciente en el Hospital Necker.
Pero la instauración de esa técnica no era siempre posible. Así describió su descubrimiento: ”En 1816 fui requerido para ver a una joven trabajadora que tenía síntomas generales compatibles con una enfermedad cardiaca y en la que la percusión y la aplicación de la mano eran de débil ayuda teniendo en cuenta su alto grado de sobrepeso. El otro método, consistente en la aplicación del oído era inadmisible dada la edad y el sexo de la paciente. Me acordé, entonces, de un simple y bien conocido hecho propio de la acústica que podía ser útil en la presente ocasión. Enrollé un cuadernillo de papel dándole forma de cilindro y apliqué un extremo en la región del corazón y el otro en mi oído y no quedé poco sorprendido y contento al advertir el hecho de que podía percibir así la acción del corazón de un modo mucho más claro y distinto del que jamás hubiera sido capaz por la aplicación inmediata del oído. Ahora describiré el instrumento a los demás. Consiste simplemente en un cilindro de madera…. A este instrumento normalmente lo designo simplemente el cilindro y, a veces, el estetoscopio”*,**.
Laënnec tenía un oído notablemente agudo y llegó a alcanzar un conocimiento preciso de la significación patológica de las más pequeñas variaciones sonoras, lo que le permitió diagnosticar enfermedades con una sorprendente exactitud a partir de los datos auscultatorios (figura 2). Su experiencia en el caso de la tuberculosis pulmonar fue notable: “Los progresos de la anatomía patológica han demostrado hasta la evidencia que la tisis pulmonar se debe al desarrollo en el pulmón de una especie particular de formación accidental, a la cual los anatomistas modernos han aplicado especialmente el nombre de tubérculo, dado en otro tiempo a toda clase de tumor o protuberancia contra natura, en general…
Figura 2. Laënnec auscultando a un paciente con el estetoscopio (auscultación mediata)
Cuando los tubérculos comienzan a reblandecerse la tos produce de vez en vez un gorgoteo, cuya materia espesa impresiona al oído en masa. Pronto se hace más líquido el gorgoteo, más semejante a un estertor mucoso, y la tos, que se ha hecho cavernosa, deja sentir que se forma una excavación en el tejido del pulmón. A medida que la excavación se vacía, la respiración toma carácter cavernoso e indica, como la tos, la extensión creciente de la cavidad. La broncofonía difusa cede el sitio a una pectoriloquia imperfecta al principio, frecuentemente interrumpida, pero que se hace evidente poco a poco. A veces, a medida que la excavación se vacía, la resonancia del pecho que hasta entonces había sido oscura, se hace más clara…
Ninguna observación estetoscópica ha sido más universalmente comprobada, tanto en Francia como en las otras partes de Europa, como la coincidencia constante de la pectoriloquia con las excavaciones ulcerosas del pulmón”***.
Laënnec puso a su invento el nombre de estetoscopio a partir de los nombres griegos stethos (pecho) y skopein (ver). Pronto sustituyó el rollo de papel por un cilindro de madera de unos treinta centímetros de largo y cuatro de diámetro que podía desmontarse en dos partes para transportarlo con mayor facilidad. La aceptación del estetoscopio condujo a convertir la exploración física en el fundamento de muchos diagnósticos, lo que produjo una profunda transformación de la práctica médica, cambiando tanto las ideas del médico acerca de la enfermedad, como su relación con el paciente.
*Laënnec RTH. A treatise on the diseases of the chest. John Forbes, trans. London : TG Underwood, 1821. **Thadepalli H. Women gave birth to the stethoscope: Laënnec’s
introduction of the art of auscultation of the lung. Clin Infect Dis 2002; 35:587-588. ***Laënnec R. De l’auscultation mediate.
Paris : Brosson
JA, Chaudé JS, 1819. Traducción castellana de S Palafox. En: Laín
Entralgo P. Laënnec. Madrid: C.S.I.C., 1954
Enlace relacionado: The stethoscope in the emergency department: a vector of infection?” Epidemiology and infection. 2000 ,124, 233-7








