domingo, 12 de mayo de 2013

La historia de la medicina a través de sus personajes y sus textos (5). Edward Jenner (1749-1823). El descubrimiento de la primera vacuna. Por Víctor M. García Nieto


“Mi madre ha hecho vacunar al chico de la criada Nicolasa. Se le han presentado tres viruelas mayores que las comunes, y que forman debajo un tumor de alguna consistencia. Ha seguido su curación con la misma felicidad que los niños del país, en quienes se ha ejecutado este descubrimiento” *

El descubrimiento e introducción de las vacunas y los antibióticos es una de las razones más evidentes que han permitido reducir las tasas de mortalidad infantil, tan elevadas en el pasado. Edward Jenner, un gran observador, inició esa ardua lucha contra las enfermedades infecciosas que durante siglos cercenaron muchas vidas. El primer niño vacunado de la viruela, James Phipps y la lechera donante del fluido vacunal destinado a inmunizar al niño, Sarah Nelmes, han pasado, con razón, a la historia.

Escribió Jenner: “Diferentes especies de materiales infecciosos, al ser absorbidos por el organismo, pueden producir efectos en cierto modo similares, pero la singularidad del virus de la viruela vacuna es que la persona que ha sido afectada por él está libre para siempre de la infección de la viruela: ni la exposición a las emanaciones variólicas, ni la introducción de la sustancia mórbida en la piel le producirán este mal. Para apoyar este hecho extraordinario expondré a mi lector gran número de casos.
 

Figura 1. Portada de la traducción castellana realizada por Balmis del tratado de Jacques-Louis Moreau de la Sarthe sobre la vacuna antivariólica. Este libro fue entregado en los distintos puertos a los que arribaba la expedición 

Caso I. José Merret, ahora segundo jardinero del conde de Berkeley, vivía en el año 1770 como sirviente en casa de un granjero vecino de esta localidad. Ocasionalmente ayudaba a ordeñar las vacas de su patrón. Varios caballos que pertenecían a la granja comenzaron a padecer de úlceras en los cascos, y a menudo los curaba Merret. Poco después, las vacas enfermaron de viruela vacuna, e inmediatamente aparecieron varias úlceras en las manos de Merret, seguidas de hinchazón y endurecimiento en las axilas, y se sintió tan indispuesto durante varios días que no pudo cumplir sus tareas habituales. Antes de que sobreviniera el mal entre las vacas, no se había adquirido ninguna vaca nueva en la granja, ni había entrado sirviente alguno afectado de viruela vacuna.
         En abril de 1795, al efectuar aquí una variolización general, Merret fue inoculado junto con su familia; había pasado un período de veinticinco años desde que contrajera la viruela vacuna y, sin embargo, aunque el material fue introducido repetidas veces en su brazo, no logró infectarlo; sólo apareció en la piel, alrededor de las zonas inoculadas, una erupción que fue tomando un aspecto erisipelatoso en su parte central. Durante todo el tiempo que su familia padeció de la viruela -uno de sus miembros en forma muy aguda- permaneció en la casa junto a ellos, sin que esta exposición al contagio le causara ningún daño…

         Caso XVII. Para observar más detenidamente el progreso de la enfermedad elegí a un niño sano de unos ocho años de edad, a quién debía inoculársele la viruela vacuna. El material fue tomado de una úlcera de la mano de una lechera  infectada por las vacas de su patrón e introducido en el brazo del niño el día 14 de mayo de 1796 por medio de dos incisiones superficiales de media pulgada de largo cada una y que penetraban apenas en la piel.

Al séptimo día, el niño se quejó de una molestia en la axila; al noveno día sintió escalofríos, pérdida del apetito y un ligero dolor de cabeza; pasó el día bastante indispuesto y durmió mal por la noche, pero al día siguiente se encontraba restablecido.

El aspecto de las incisiones hasta su completo desarrollo era muy semejante al que resulta de la aplicación del virus de viruela en las mismas condiciones. La única diferencia que percibí era que el líquido límpido producido por la acción del virus tomó en este caso un tinte más oscuro y que la erupción que se extendía alrededor de las incisiones tenía un aspecto más erisipelatoso que el de las que observamos en general cuando se ha utilizado material de viruela; pero todo desapareció (dejando en las partes inoculadas costras y escaras), sin ocasionarnos a mi ni al enfermo ninguna molestia. 
 
 
Figura 2. “Progresión de los granos de la vacuna desde el día 4º hasta el 15º en su tamaño y color natural”. Grabado iluminado a mano, del artista valenciano José Ximeno Carrera. Ilustró la introducción de Balmis a su traducción del libro de Moreau. Biblioteca y Museo Histórico-Médicos, Valencia
Con el objeto de demostrar que el niño estaba indemne del contagio de la viruela, luego de haber sufrido su organismo una afección tan leve provocada por el virus de la viruela vacuna, fue inoculado el primero de julio del mismo año con material de viruela tomado directamente de una pústula. Le fueron practicadas varias punciones e incisiones en los dos brazos, y el líquido fue introducido con todo cuidado, pero no le siguió ninguna enfermedad. Sus brazos presentaban el mismo aspecto que el que observamos cuando se aplica material varioloso a un enfermo que ya ha padecido la viruela vacuna o la viruela. Varios meses después, el niño fue nuevamente inoculado con material varioloso, lo que no produjo ningún efecto sensible en su organismo"**.

Canarias y, en concreto, Tenerife, es un insigne eslabón en la historia de la vacuna contra la viruela. En efecto, el 9 de diciembre de 1803 la corbeta María Pita arribó al puerto de Santa Cruz de Tenerife. Entre sus pasajeros figuraban 22 niños expósitos procedentes de la inclusa de La Coruña que constituían los humildes y eficaces portadores del fluido vacunal. Se trataba de la denominada expedición Balmis que permitió que muchos niños canarios se vacunasen antes de que esa expedición llegase a América, su destino principal***.
 
*Primo de la Guerra J. Diario I. 1800-1807. Madrid: Aula de Cultura de Tenerife 1976, pp. 219-320. **Jenner E. An inquiry into the causes and effects of the variolae vaccinae. London 1789. Traducción castellana por R. Navarro Viola. En: Las tres memorias originales sobre la vacunación antivariólica. Buenos Aires: Emecé 1946. ***García Nieto V. El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Ed. Idea 2004

Victor M. García Nieto es Doctor en Medicina y especialista en Pediatría, responsable de la Unidad de Nefrología Pediátrica del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Es autor de 140 artículos, de 23 capítulos en libros científicos, de 71 artículos y capítulos de libros sobre temas relacionados con la historia de la medicina. Es autor de cuatro libros de historia de la medicina [La obra pediátrica de Diego Guigou y Costa (1991), Cámaras celíacas y patocativismo o la historia de la enfermedad celíaca en España (1995), El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife (2004), Páginas médicas canarias de ayer (2007)] y coeditor de cinco libros relacionados con la historia de la medicina. En la actualidad, es Presidente de la Asociación Española de Nefrología Pediátrica, Coordinador del Grupo de Historia de la Pediatría de la Asociación Española de Pediatría y Director de la revista Canarias Pediátrica. Colaborador habitual de la revista Acta Médica de Tenerife, en la que escribe artículos sobre Historia de la Medicina.
 
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