Hace unos días, en el ciberespacio, tropecé casualmente con la biografía de William Farr un estadístico inglés del siglo XIX.
Entre 1837 y 1839, cuando Inglaterra sufría una de las peores epidemias de viruela, diseñó los primeros registros de mortalidad. Fueron las primeras estadísticas sanitarias. Gracias a ellas se pudieron reconocer las causas ambientales con gran impacto en la morbilidad y mortalidad y se lograron desarrollar estrategias para el control de enfermedades basadas principalmente en intervenciones sobre el entorno ambiental. Estas acciones preventivas tuvieron en ese siglo y los siguientes un importante impacto en la mejora de la salud de la población.
William Farr (1807-1883)
Creo, y no sería arriesgado decir, que William Farr fue el precursor de las bases de datos clínico-administrativas de hoy en día que es lo mismo decir del Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD). Sin embargo, actualmente estas bases de datos están infrautilizadas en la investigación biomédica.
Una causa puede explicarse por las conocidas limitaciones de los estudios observacionales y se prefiera confiar en los ensayos clínicos aleatorizados para guiar nuestras decisiones.
Sin embargo, no hay que olvidar que los escenarios controlados de muchos ensayos pueden ser diferentes a los ambientes reales de trabajo de muchos de los clínicos. Por otro lado las bases de datos clínico-administrativas, por su gran riqueza en información, da a la investigación biomédica una gran potencialidad para determinar la escala de un problema a nivel poblacional y señalar hacia donde debe dirigirse una intervención o política sanitaria.
Otra razón de esta escasa aceptación, y puede que sea la más importante, es que las bases de datos clínico-administrativas a menudo despiertan desconfianza entre los clínicos ya que históricamente han visto en ellas un instrumento de control de su actividad y no como una herramienta para la investigación.
Pero los clínicos tienen que saber que cada día más y mejores datos están siendo almacenados, y ello está creando nuevas oportunidades para la investigación y conforme las nuevas tecnologías de la información y comunicación, como las historias clínicas electrónicas, consigan implantarse en los hospitales, las oportunidades para dicha investigación se multiplicarán. Es muy probable que actualmente estemos viviendo el nacimiento de una nueva era epidemiológica como la que vivió William Farr en su época.

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